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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Notas sobre Lorca II (o Cuidado con lo que deseas)


Cuando leo a Lorca, el erotismo que impregna todo lo que escribe me embriaga. Imposible no sentirlo, como una fuerza que está más allá de todo aquello que pone los límites: la razón a nuestra cabeza, la sociedad a nuestro comportamiento. Como corriente subterránea, ahí está: en las canciones de las muchachas que lavan, liviano y juguetón pero al mismo tiempo ominoso, como una presencia de la que "beware-beware"; en los consejos de las viejas, solicitados o simplemente ofrecidos entre dientes, inmiscuyéndose, juzgando -pero ellas saben para lo bueno y para lo malo; ahí, por fin, en los actores del drama, presencia intensa pero casi ignorada con negligencia. Nadie dice nunca "me consumo de deseo" -ese grado de autoconciencia: no hace falta. Lo sabemos, apretándonos la garganta -cuánto me gusta decir: "con la garganta estrangulada" -hasta que se desencadena -el deseo, la tragedia, ambos.

lunes, 2 de agosto de 2010

Notas sobre Lorca I (o Enseñar o Un gusto inesperado por la "verdad")

bernarda Alba, acto 3, de ***cha (Todos los derechos reservados)

Mis niñas, si leemos esta historia vamos a salir de ella temblando, o peor: como si nos clavasen un cuchillo, y no nos lo podremos quitar, no, no. Con el dolor de una verdad que no se puede decir: una verdad sobre nosotras y nuestra posición en el mundo, que nos cuesta saber y decir; y ha venido un hombre a estampársela a la cara al sistema cultural, un hombre de los márgenes, claro está. Cómo si no iba a saber esa verdad, que no necesitamos que sea expresada más que así. Cuando el libro acaba y la palabra queda reverberando dolorosamente -virgen, virgen- con todas sus aristas de labios a garganta, raspándose de dentro afuera, casi que hace daño al tragarla por fin: virgen.

Pero mis niñas no lo entenderán con toda su contundencia, no pueden. Sólo vislumbrar la superficie y sentir los ecos de la verdad por sus efectos. Mejor así. Ya tendrán tiempo.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Bach en el pedestal

La música, sólo la música, consigue a veces lo que nada más puede: que se levante la imaginación, volátil y feliz, despreocupada, desligada de la vida que nos acobarda y nos silencia. Mañana me silenciaré de nuevo, pero ahora Bach llena la noche y acompaña; una compañía humana, un sentimiento de pertenencia a algo: a Bach, al menos, porque Bach es una idea cultural, tan rica y tan plena, y disfrutar de eso que llamamos Bach un acto tan significativamente cargado, que se convierte en feliz por especial y diferenciado. Es lo que tienen los mecanismos de distinción...

A Bach no le pasó como a Vivaldi o al canon de Pachelbel, que el gusto vulgar se los apropió, no, no, no, a Bach todavía nos lo ponemos en la boca para resarcirnos de la vulgaridad del mundo.

Y podemos.